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2.- Diseño y características del curso de formación de liderazgo


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2.- Diseño y características
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Para muchas de nosotras los primeros cursos fueron tanteos en la niebla. Sabíamos que no queríamos repetir la formula que habíamos vivido en el colegio o la Universidad, pero no conocíamos muy bien el camino. Pronto nos quedo claro que no todo puede quedar en la improvisación. La figura de la coordinadora o conductora es fundamental para que exista un cierto “orden” y una sensación de seguridad. Es como llevar un barco. Todas las personas son imprescindibles, pero para que naveguemos en la misma dirección es necesario que “alguien” se encargue de coordinar todas las acciones. A esta persona la podemos llamar formadora, conductora o coordinadora de formación. Más adelante veremos con detenimiento sus funciones, pero ahora es necesario definir nuestro primer paso que consiste en diseñar el curso que vas a realizar. Para ello es necesario que tengas en cuenta:

- Como son las mujeres que van a participar en el curso. Ten en cuenta que no es lo mismo un curso para líderes rurales que para una asociación de mujeres de una ciudad. Los perfiles son muy diversos y con ellos la forma en que vas a plantear los contenidos y la metodología.
- El tiempo (número de horas, días) del que disponen las participantes. Recuerda que muchas veces hay condicionamientos a tener en cuenta, por ejemplo, si tienen a su cargo menores u otras personas. Sus jornadas de trabajo si tienen dificultades para estar fuera de su hogar a determinadas horas. También puede ser que estés organizando un curso para mujeres que ocupan cargos políticos, entonces tendrás que adecuar los horarios y calendario a sus responsabilidades.

- Los objetivos a priorizar ¿están consensuados con las participantes? ¿crees que son los que mas les interesa?
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- Los contenidos que queréis trabajar: Recuerda que en formación cualquier contenido puede tratarse siempre que lo adecues al nivel e intereses del grupo.

- Los medios de los que dispones y el lugar en el que se va a celebrar el curso

Recuerda que: Un curso de formación es un conjunto de actividades organizadas de tal forma que permitan alcanzar unos determinados objetivos de aprendizaje (adquisición de nuevos conocimientos, desarrollo de habilidades o destrezas, cambio de actitudes) en un tiempo determinado. Es por tanto un proceso de aprendizaje que podemos organizar en sesiones de distinta duración.

Con estos datos podemos comenzar a diseñar el curso, Diseñar un curso es trazar la carta de navegación, imprescindible para llegar a buen puerto y no perdernos. Para ello tenemos que disponer de información previa y tener claros algunos datos sin los cuales nos será imposible avanzar.

a) Objetivos. Lo primero que tendremos que definir son los objetivos que queremos alcanzar con nuestro curso. Recordar que los objetivos del curso no vienen marcados, solamente por la persona que diseña y coordina el curso, sino que es fundamental tener en cuenta los intereses y necesidades de las mujeres que van a participar, por un lado (objetivos personales) y si hay una organización o institución que organiza el curso, es necesario integrar sus intereses (objetivos institucionales).

¿Qué son los objetivos? Básicamente definen lo que pretendemos conseguir. Abren y cierran todo tipo de proyectos. Los abren porque indican qué se espera del proceso que vamos a iniciar y lo cierran porque su formulación nos permite evaluar si hemos conseguido aquello a lo que nos comprometimos.

Hay diferentes modelos de formulación de objetivos. Podemos estructurarlos como generales y específicos, dividirlos en conceptuales, de procedimiento o actitudinales. Lo importante es que sean claros y sobre todo realizables o, dicho de otra forma, razonables, porque generalmente tendemos a ser excesivamente grandilocuentes: la formación no tiene capacidad para solucionar problemas sino, más bien, para iniciar procesos. Es decir, los objetivos tienen que definir lo que vamos a intentar conseguir con la formación y por lo tanto deben ser conocidos y discutidos por todas las mujeres que forman parte del grupo de formación.

Es conveniente marcar dos tipos de objetivos:

o Objetivos generales del curso constituyen los cimientos de la estructura sobre los que iremos añadiendo los demás elementos de la planificación. Además, proporcionan información las participantes sobre las expectativas del curso, razón por la cual intentaremos ser coherentes y realistas.

Es importante definir objetivos amplios de los que se derivan otros más específicos, porque así tendremos un margen de negociación con el grupo de formación. Por otra parte es interesante, planificar objetivos latentes que no suelen especificarse pero que resultan de enorme ayuda en la formación: conseguir un buen clima grupal, animar a que el grupo siga trabajando con posterioridad al curso o ampliar las expectativas de cada participante en relación con la participación política de mujeres.

o Objetivos de aprendizaje. Son más concretos y deben responder a las expectativas y a los intereses personales. Son aquellos que se quieren alcanzar en el campo del aprendizaje.

- Saber. Es decir, adquirir informaciones y conocimientos que antes no se tenían. Por ejemplo conocer la historia de las mujeres.

- Saber hacer. Adquirir capacidades, destrezas o habilidades nuevas,

- Saber ser. Desarrollar o fortalecer actividades y comportamientos favorables para la función que se va a desempeñar. Por ejemplo adoptar una actitud cooperativa en el trabajo en equipo.

b).- Programación por sesiones. Este es un parámetro importante. Dependiendo de las horas de las que dispongamos, priorizaremos unos u otros objetivos y contenidos. Solemos pensar que nos faltaran contenidos en la programación, o que puede ocurrir que algunas actividades no funcionen como lo había previsto, o que haya tiempos muertos durante la sesión. Así que solemos planificar más actividades de las que luego podemos llevar a cabo. Hay que ser prudentes en este sentido. A menudo, una vez interiorizadas las secuencias formativas, nos vemos obligadas a seguir a toda costa. Eso hace que terminamos llevando al grupo a toda velocidad, produciéndose un estrés innecesario y un cierto desasosiego, como si el no cumplir con el programa previsto fuera un fracaso.

En definitiva, debemos tener cuidado con no recargar las sesiones. El tiempo de formación se vive de distinta manera, estés en el papel de la formadora o en el de la participante. Tanto las actividades grupales como las individuales requieren la calma suficiente que nos permitirá comunicarnos y reflexionar, sin comportarnos como corredoras de fondo.

c).- Horas de formación. Hay muchos formatos y duración de cursos: de doce hasta doscientas horas o sesiones monográficas de cuatro.

El tipo de formación que os proponemos tiene varias combinaciones. Se puede impartir en un total de veinte horas o en módulos independientes de cuatro horas cada unidad o bien realizar combinaciones. Dependerá del tiempo que tengáis disponible. Si vais a organizar un curso completo de veinte horas es conveniente que seleccionéis objetivos de cada lección y trabajéis diseñando un recorrido por los conceptos que consideráis clave.

En cuanto a la duración de una sesión, en el ámbito de educación no formal es conveniente realizar sesiones de tres o cuatro horas que nos permitan crear un clima de trabajo grupal, así como dejar un espacio para la reflexión y la puesta en común.

Recordad que hay que hacer breves descansos cada cuarenta y cinco minutos. Por lo demás, la parada de media hora para tomar un café es obligada y necesaria. Comprobaréis que, al volver de esta pausa, habrá un clima más relajado y un mayor nivel de confianza. Y por último, la puntualidad es fundamental. Solemos cometer el error de conceder diez minutos sobre el horario previsto para empezar a trabajar, y en muchas ocasiones, este tiempo de "cortesía" hacia las que llegan tarde se convierte en una falta de respeto hacia las que llegaron puntuales. Es por lo tanto, importante, empezar las sesiones a la hora convenida.

d).- Número de participantes. La formación de mujeres requiere de un grupo que no sea excesivamente grande, ya que dificulta la participación por la falta de tiempo y por el aumento de la presión psicológica que se experimenta, ni demasiado pequeño porque impide la riqueza del debate e impide incorporar ciertas dinámicas.

El número ideal de mujeres que van a participar se encuentra entre quince y veinticinco, de forma que podamos organizar grupos de cinco o seis mujeres. Para el éxito de una clase teórico-práctica, con trabajo en grupos pequeños, es recomendable no exceder de este número. Tenemos que atenernos al cronograma de nuestras sesiones: la puesta en común primero y la evaluación, después, requieren cada una un tiempo concreto y una atención individualizada y equitativa, que no podríamos manejar con grupos más numerosos. En el caso de encontrarnos con grupos superiores en número, habría que replantear el formato del curso y optar por otros modelos: clases magistrales, mesas redondas, experiencias, elaboración de paneles, exposiciones…

e)- Las características físicas del lugar. No siempre podemos elegir la sala o el lugar donde vamos a impartir la formación pero si es posible, es importante que ésta reúna una serie de características adecuadas como son:

• Capacidad adecuada al número de mujeres que participan. Si es demasiado grande, como un salón de actos, para un grupo de quince participantes, nos sentiremos perdidas y será muy difícil la comunicación. Si por el contrario es muy pequeña el agobio puede transformarse en situaciones de tensión.

• Iluminación. Es preferible que la sala tenga ventanas y es fundamental una iluminación adecuada.

• Calefacción y ventilación.

• Sonoridad. Los ruidos, la falta de acústica enturbia la comunicación y el diálogo produciendo situaciones de irritabilidad y nerviosismo.

Si no contamos con una sala, intentemos que sea un espacio aislado para nosotras. Que todas sintamos que estamos en confianza y que podemos conversar sin sentirnos juzgadas u observadas. Tal vez, tengamos que integrar a los niños y niñas…en este caso, estaría bien que por turnos una de nosotras se encargara de organizar actividades para que estuvieran entretenidos.

Para que exista una buena comunicación grupal, son necesarias unas mínimas condiciones de comodidad: temperatura agradable, que no haya ruidos que impidan la comunicación, que existan puertas que aíslen el local, etc. Cuando faltan las condiciones mínimas, el esfuerzo por conseguir un clima de confianza y la atención del grupo es mucho mayor. No siempre disfrutamos de un local apropiado pero debemos intentar reunir unas condiciones mínimas de bienestar. De ello dependerá, en parte, el éxito de nuestro curso. Así, que cuando tenemos que realizar la formación en espacios abiertos o compartidos, intentemos cerrar entre nosotras un marco simbólico en el que nos sintamos protegidas y resguardadas del exterior.

f).- Colocación en el espacio. Teniendo en cuenta que la formación que realizamos está basada en el trabajo grupal, es fundamental ubicarnos de forma que todas podamos comunicar con facilidad, para lo cual necesitaremos ver el rostro y la expresión corporal de cada una de las participantes. Así que lo mejor es colocarse en círculo y sin mesas de por medio.

Por otra parte, la colocación en círculo o elipse facilitan la democratización del aprendizaje y la construcción en común. Si todas las participantes están colocadas de manera que sólo pueden ver y prestar atención a la profesora, estamos restando importancia a las opiniones del resto de compañeras del curso. Teniendo en cuenta que la metodología que proponemos está centrada en el aprendizaje individual y grupal, la utilización del espacio debe establecerse en términos de igualdad. La colocación en círculo favorece la comunicación, la atención grupal, favorece una predisposición a la participación (al no existir objetos que medien, nos sentimos más presentes) y es un gran apoyo para la dirección de puestas en común e intercambio de ideas.

Pero debemos actuar con precaución: las mesas ofrecen protección ante los demás y actúan como parapeto personal en muchas ocasiones. Al retirarlas, nos sentimos más expuestas y, por lo tanto, más desnudas ante la mirada ajena. Si el grupo no ha utilizado este modelo nunca, deberemos negociar esta distribución y esperar a la segunda parte de la sesión o al segundo día en el que nos encontraremos en un clima de más confianza.

Y es que todo, en formación, tiene un significado: el espacio es un recurso importante y simbólico y hay que utilizarlo con libertad. En la enseñanza tradicional llegamos a clase, buscamos el pupitre que se nos asignó desde el primer día y raramente nos movemos de allí. Si un día, otro compañero o compañera ocupa nuestro lugar nos sentiremos incómodas… En este tipo de propuesta, sin embargo, tenemos la oportunidad de jugar con el espacio y expresarnos con otros recursos además de la palabra.

Movernos, colocarnos en equipos de trabajo que se ubiquen en distintos lugares de la sala, realizad actividades que faciliten que no nos sentemos siempre en el mismo sitio y, como conductoras de las sesiones, moveros, levantaros, pasead, haced vuestro el espacio. Sois como actrices en un escenario, todos los ojos están pendientes de vuestros gestos. Es importante utilizar todos los recursos expresivos (movimiento, expresiones de la cara, sonrisas, miradas, desplazamientos de grupo en grupo…) para hacer que la sesión sea viva.

Pero el espacio también está en el exterior; así que cuando constituyáis grupos de trabajo, invitadles a buscar zonas comunes fuera de la sala. Es importante, por lo tanto, que el grupo habite el espacio y despoje de albergues, centros culturales, locales de asociaciones, colegios, etc., su carácter de provisionalidad. Nos ayudaremos para ello de los murales que se hayan ido confeccionando y que habremos colocado en las paredes, nos acordaremos de traer libros para que puedan ser ojeados en los momentos de descanso e, incluso, procuraremos disponer de una pequeña cafetera, de botellas de agua e instrumentos musicales porque, si sentimos que el ambiente creado es un refugio para nuestro grupo, la formación se hará de forma más relajada y cómoda. Si esto no es posible, ¡siempre nos quedará la imaginación!

Una sugerencia: organizad una pequeña exposición cuando termine el curso para compartir el resultado de las actividades que se han realizado (murales, gráficos, montajes). Así, se comparte, de cierto modo, el resultado del trabajo grupal y la formación se difunde más allá de las paredes de la sala.

Si queremos conseguir un clima participativo y favorable todas las personas que participamos debemos estar al mismo nivel. Es importante la disposición de los asientos en el espacio en círculo o elipse de forma que todas podamos vernos y escucharnos, así como que la formadora no tenga un sitio fijo o diferenciado (con mesa o plataforma).



Proyecto subvencionado por AECID Realizado por Laotong CB
Con la colaboración de Mujeres en Red y PROSA


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